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Agro-Ayuda

sábado, 5 de abril de 2008

Pérdida de suelos

Autor: Jorge Alejandro DelaVega Lozano


La pérdida imperceptible de un milímetro en el espesor de suelos cultivables sobre la superficie de una hectárea equivaldría a eliminar entre 11 y 16 toneladas de suelo agrícola fértil por hectárea. Es decir, se perderían 10 metros cúbicos de suelo fértil por hectárea. Así mismo, la pérdida de un centímetro en el espesor de suelos fértiles cultivables sobre la superficie de una hectárea, equivaldría a eliminar entre 110 y 160 toneladas de suelo agrícola por hectárea. Es decir, se perderían 100 metros cúbicos de suelo fértil por hectárea.



La erosión en suelos agrícolas es un problema cada día mayor. Los cambios climáticos globales propician variaciones en la cantidad de lluvia que en ocasiones se presenta intensamente por breves lapsos. La erosión por lluvia ó riego mal aplicado, ocasiona que muchos de los nutrientes en los suelos queden en las tierras bajas que generalmente no son cultivables porque se inundan.



Las grandes áreas de cultivo ofrecen mayor superficie para que el agua y el viento fluyan causando erosión. Los suelos sin cobertura vegetal quedan totalmente expuestos a la erosión, ya sea por agua ó viento que llevan consigo nutrientes de suelos agrícolas. Aún cuando el movimiento de suelos es un proceso natural, hay que tomar en cuenta que durante los últimos 40 años, los terrenos y las formas de cultivo han cambiado. Actualmente se cultiva en condiciones menos favorables.



La cosecha de cereales propicia que los suelos permanezcan descubiertos y expuestos a la acción de la lluvia y el viento. Así mismo, el abandono de tierras de cultivo, debido a las crisis en el campo, y a las formas de agricultura inadecuadas, deja sin materia orgánica los suelos. Ciertamente, los patrones de lluvia han cambiado en años recientes, pero no tanto como las prácticas agrícolas.



El movimiento de suelos ocasionado por lluvia y viento, trae consigo material que contiene nutrientes orgánicos e inorgánicos esenciales para los vegetales y los seres que los consumen. La pérdida de nutrientes ocurre, aún cuando el agua que corre por encima de suelos agrícolas se vea transparente y no haya clara evidencia física de erosión. Dichos nutrientes, conjuntamente con agroquímicos van a depositarse en tierras bajas y ríos.



Sabemos que, el movimiento y la erosión por lluvia, afecta más en suelos arenosos, sobretodo en aquellos con escasa materia orgánica, la cual mantiene la estructura de los suelos agrícolas. La erosión y el movimiento comienza cuando los suelos se han saturado completamente de agua, lo cual incluso puede suceder con lluvia moderada. La rapidez del movimiento es mayor en suelos arenosos, y puede empeorar en terrenos con mayor pendiente. De este modo, como resultado de la lluvia ó del riego mal aplicado, se acumula arena en las partes bajas del terreno.



Experimento



Mediante el siguiente experimento sencillo es posible conocer la cantidad aproximada de suelo que permanece en campos de cultivo:


Ponga un puño de tierra dentro de una botella transparente y llénela con agua.2.
Agite la botella y déjela en reposo.
El aproximadamente 5 minutos, la arena y las piedras quedarán en el fondo de la botella.



El agua seguirá turbia con partículas de suelos en suspensión.


Tomará algunas horas para que las partículas más grandes de suelo en suspensión, se depositen en la botella sobre la arena y piedras, y algunos días para que las partículas más pequeñas de suelo se asienten en la botella.


Recordemos que las partículas de suelo contienen nutrientes de enorme importancia en la producción agropecuaria.



Reducción de Pérdidas



En la Unión Europea las siguientes medidas son populares entre agricultores y ganaderos para reducir las pérdidas y propiciar la conservación de los suelos:


Siembra de pastos conjuntamente con cereales y entre cosechas.


Buen sistema de drenaje para reducir la superficie disponible a erosión pluvial.


Cobertura vegetal en los suelos para ofrecer resistencia a la erosión por lluvia y viento.


Labranza de conservación para mejorar el drenaje y la aireación en los suelos.


Labores de cultivo en niveles mínimos.


Camas de siembra no demasiado finas, porque al compactar se disminuye la porosidad en los suelos y aumenta la erosión pluvial.


Suelos cubiertos con paja u otro material vegetal residual.


Los métodos de labranza mínima ó labranza de conservación, hacen que las madrigueras de lombrices se mantengan en los suelos propiciando la existencia de materia orgánica y un mejor drenaje. Es necesario monitorear regularmente para conocer sobre la estructura del suelo y la pérdida de nutrientes, sobretodo cuando la actividad de las lombrices no es suficiente. En cultivos otoño-invierno es conveniente sembrar lo más pronto posible para asegurar que se mantenga el suelo con cobertura vegetal.



Materia Orgánica



La buena estructura en suelos agrícolas se mantiene mejor entre mayor cantidad de materia orgánica exista en ellos Esto debido a que el humus ayuda a mantener la consolidación de las partículas en los suelos, particularmente en terrenos arenosos. La incorporación de estiércol, y las prácticas de labranza mínima ó de conservación, añaden enormes beneficios a la estructura de los suelos. Los suelos se compactan debido al pisoteo del ganado y al paso de maquinaria y vehículos. En suelos compactos, el agua penetra solamente unos cuantos centímetros dentro de los suelos, sin llegar hasta donde los vegetales la requieren. Así mismo existen suelos de naturaleza compacta, cuya estructura puede ser mejorada mediante la aplicación de materia orgánica. En algunas regiones de Inglaterra, durante siglos, se ha incorporado a los suelos desperdicio de pescado, y algas marinas, como materia orgánica para conservar la fertilidad y la estructura en terrenos agrícolas.



Estiércol como Fuente de Materia Orgánica